viernes, 1 de mayo de 2020

Pautas y estrategias para trabajar la autonomía en los niños y niñas


1-Enseñanza de Auto-instrucciones

Se trata de instrucciones que una persona poco a poco termina por automatizar y decírselas a sí mismo. Los pasos a seguir para implantar esta metodología son las siguientes:
  1. Pensemos en una acción que deseemos trabajar. Por ejemplo, poner la lavadora. Pedir a tu hija que te acompañe y le vas indicando los pasos que debe seguir para poner la lavadora (incluida la separación de la ropa y elegir el producto de limpieza más adecuado para cada caso). No se lo hagas tú por ella, tiene que ser ella la que accione los botones necesarios para programar adecuadamente la lavadora. Mientras hace CADA PASO, le haces una fotografía.
  2. Imprime las fotografías y las pegas, ordenadas, en la habitación en donde se encuentra la lavadora. Cuando le toque poner la lavadora, debes indicarle que debe seguir los pasos que aparecen en las fotografías. Es importante que las fotografías estén ordenadas y bien secuenciadas. Al principio quédate detrás de ella supervisando, y si compruebas que se equivoca o se salta algún paso, dile: “Revisa la secuencia de fotos”. Poco a poco hasta que sea capaz de poner ella sola la lavadora.
  3. Repetir este procedimiento siempre, supervisándola. Poco a poco deberás notar que cada vez comete menos errores. Cuando sientas que cometa menos errores, quita las fotografías y permite que ella realice todos los pasos sin fijarse en ellas. Ella ahora debe decirse a sí misma los pasos para programar la lavadora debidamente. Pídele que los diga en voz alta. Si ves que se equivoca o se salta algún paso, le vuelves a poner las fotografías. Repetir este procedimiento hasta que finalmente sea capaz de automatizar todos los pasos.
Esta metodología sirve para aprender diferentes conductas, relacionadas con los hábitos de estudio, realización de tareas domésticas, etc., y para cualquier hábitos de autonomía. Es importante primero centrarse en un hábito y, a medida que ya vaya asimilando ese hábito, incorporar otro hábito a desarrollar. Debe ser algo progresivo.

2-En caso de que no ponga especial interés en los hábitos que se le están enseñando, conviene llevar a cabo un programa de refuerzo de nuevas conductas. Se sugieren algunos como las siguientes:
  1. Programa de “Economía de fichas”: Consiste en conceder puntos por cumplir la buena conducta que deseemos trabajar. Tendremos un calendario, y utilizaremos gomets (pegatinas) por cada día que ella haya cumplido con su buena conducta. Si ella cumple, se le concederá un punto, y ese punto (representado con la pegatina) lo pegaremos en el calendario, en la fecha que corresponda. En caso de no haber cumplido, se le obligará a hacerlo, pero a cambio no recibirá punto alguno. Cuando acumule unos cinco puntos, tendrá derecho a una actividad en familia que desee hacer. Es preferible optar por conceder premios que consistan en actividades que ayuden a reforzar los lazos familiares, y no objetos que resulten ser muy superficiales. Luego, a la próxima vez se le exigirán ocho puntos para optar a ese “premio”. A la próxima, unos 12 puntos, y así hasta ir pidiendo más. Llegará un momento en que la conducta ya la tenga asimilada y forme parte de su rutina. Es preferible empezar primero con una conducta y, una vez trabajada, hacer otra. Y los puntos que se conceden son por la conducta que haya hecho bien. Si se porta mal ese día o hace algo mal que no tenga que ver con la conducta que se está llevando a cabo, no quitarle el punto. Diferente es que decidas castigarla haciendo algo que a ella no le agrade.
  2. Emplear el Castigo positivo de forma POSITIVA: Existen dos tipos de castigos: el positivo y el negativo. El castigo positivo consiste en tener que someterse a una actividad o recibir algo que le resulte desagradable. Puede ser tener que hacer una actividad que no le guste, o incluso el clásico “azote en el culete”, pero esto último no lo compartimos. El castigo negativo sería quitarle algo que le guste, por ejemplo, dejarle sin consola durante una semana. Lo ideal sería aplicar el castigo positivo pero sin que esto conlleve a tener que recibir castigos corporales o físicos. Si no lleva a cabo la conducta que deseamos trabajar, debemos obligarla a hacerlo (supervisándola), y además de eso, tendrá que hacer otra tarea que le desagrade o que sea para ella un incordio (ayudar a hacer la comida, hacer los baños, fregar el suelo...). O si hace algo mal, además de pedir disculpas y reparar el daño causado, deberá hacer esa tarea desagradable. Castigarla sin algo que aprecie no ayudará mucho porque puede llegar a darle igual o simplemente buscar otra distracción alternativa.

miércoles, 1 de abril de 2020

Dos perspectivas: La heroína y el villano (Cuentos)

En esta ocasión, os adjunto dos cuentos donde vemos dos puntos de vista diferentes pero dentro de un mismo contexto e historia: La superheroína y el villano. Analizamos su lado más personal, su origen y sus emociones, intentando sentir empatía hacia ellos. Sirve para trabajar la comprensión lectora en Educación Primaria.




domingo, 1 de marzo de 2020

Pautas para ayudar a resolver conflictos entre los hermanos


A continuación, se aportan unas pautas generales para resolver conflictos que hayan sucedido entre los hermanos. Vamos a suponer que, de repente, escucha a sus hijos discutiendo o incluso acaban llegando a las manos. Este es el procedimiento a seguir:

1-Intente separarlos sin decirle nada. No deben darles un guantazo ni un azote a ninguno de los dos. Cada uno se irá a su dormitorio, y en caso de que éste sea compartido, a habitaciones separadas. Esperar cinco minutos a que estén más tranquilos.

2-Una vez pasados los cinco minutos, sentarse todos a hablar. Alguien empezará a hablar. Para evitar disputas por ver quién empieza primero, lanzar una moneda. Uno elegirá cara y otro elegirá cruz. Otra opción sería poner pegatinas en la moneda, donde en la cara A venga el nombre de “Mario” y en la cara B el nombre de “Paula”. Al que le toque, comenzará a explicarse, pero antes de eso recordaremos las dos normas básicas: “Cada uno debe respetar el turno de palabra del otro sin interrumpir”, “No hay que gritar, solo hablar”. Les podemos permitir hacer un dibujo si así se expresan mejor.

3-Debemos intentar ponernos en el lugar de cada uno y entender cómo se han sentido. Algunas frases que pueden servir de ejemplo son las siguientes:

  1. “Así que te ha pegado tu herman@. No te gusta que te peguen y te ha sentado mal que te haya pegado, ¿verdad?”.
  2. “¡Vaya! Ese comentario te ha tenido que molestar bastante”.
  3. “Entiendo que te gustaría que tu herman@ no te hiciera esas cosas”.
  4. “¿Crees que te hace eso para molestarte?”

Estos comentarios son importantes para ayudar a que ellos poco a poco entiendan cómo se siente el otro con las consecuencias de sus actos.

4-En caso de que haya habido un acto de agresión, sea físico o verbal, por un comportamiento que no le gusta del otro hermano, debemos permitir que explique cómo se siente. Es bueno dejar que se exprese con palabras, como alternativa a los insultos y a los puños. Sería bueno disponer de un muñeco con el que el hermano pueda desahogarse: “No hagas daño a tu herman@. Muéstrame tus sentimientos con este muñeco”. Y aquí éste puede pegarle, insultarle, decirle cómo se siente con ella...Permitid que se expresen con libertad siempre y cuando haya respeto, y que cada uno entienda cómo se siente el otro herman@.

5-Ayudadles a encontrar una solución a sus problemas. A cuanta más creativa, mejor. Podemos pactar nuevas normas entre ellos, intentando que sean en positivo (ej: “Pedir permiso para coger cosas de mi herman@”). También podemos ayudarles a llegar a un acuerdo y a resolver sus diferencias. Intentad que dialoguen lo máximo posible, y que al final puedan darse un “abrazo de hermanos”. Es bueno enseñadles que no se resuelve nada con la violencia. Y por supuesto, los padres deben dar ejemplo de esto y no usar la violencia con ellos.

6-Durante el proceso de diálogo, los padres debemos evitar decir o hacer cosas como las siguientes:
  1. Evitar compararlos, tanto para lo bueno como para lo malo. Cada hermano es como es, con sus propias virtudes. No esperes que uno vaya a ser igual que el otro en todos los aspectos positivos. Si ocurre un problema, en vez de decir cosas como “¿Por qué no eres como tu herman@”, “Tu herman@ no hace esas cosas”, es mejor centrarse en describir el problema y tratarlo con él, sin nombrar al otro herman@.
  2. Al igual que no se deben hacer comparaciones negativas, tampoco se deben hacer comparaciones positivas: “Lo haces mejor que tu herman@”. Puede crear sentimientos negativos hacia el otro herman@, que se vean como rivales por el afecto y la atención de sus padres. Todas las comparaciones siempre son odiosas. Simplemente valorad lo que hacen, pero sin hacer comparaciones. Como ya se ha hecho, nadie es igual a otra persona y cada persona tiene sus propias virtudes.
  3. En caso de que sea un conflicto porque uno diga que le han dado más que a él en algo concreto, debemos tener en cuenta que no se trata de dar a los dos hermanos lo mismo, sino la cantidad que cada uno necesite. Ejemplos de quejas son las siguientes: “¡Le has dado más galletas a ella que a mí! ¡Él tiene más paga que yo!”. Acto seguido, le haremos esta pregunta: “¿Necesitas más? ¿Tienes más hambre, necesitas comprar algo...?”. Comentarios de este estilo.
  4. En caso de que haya habido una agresión física o verbal, no debemos centrar la atención exclusivamente en el agresor. En primer lugar, atender al perjudicado. Supongamos que la hermana le ha pegado un mordisco al hermano en la mano. Entonces, nos dirigimos al hermano y le decimos: “¿Te ha mordido tu hermana? A ver, déjame ver tu mano. Vaya, parece que te ha tenido que doler. Voy a ponerte algo de hielo, tu hermana debe aprender a decir las cosas con palabras en vez de morder a otras personas”. Con respecto al agresor, enseñadle la conducta alternativa y, en caso de repetirla, decirle cosas como: “¡Nada de mordiscos! Sabes cómo conseguir lo que quieres sin mordiscos”. Y dejárselo claro también al otro herman@: “Tu herman@ sabe ser amable y pedir las cosas bien o decir las cosas con palabras cuando quiere”. Es bueno que en cada herman@ creemos expectativas positivas hacia el otro.
  5. No dejar que ninguno de los dos vaya de “víctima”, ni tratar a ninguno como una víctima. En lugar de eso, enseñarle a defenderse con palabras. Contextualizarlo según la situación y ayudadle a llevarlo a la práctica. Por ejemplo, supongamos que uno de los dos dice: “¡Papá, no me quiere dejar su muñeco!”. Pues se le enseñan diferentes maneras de pedirlo prestado y negociarlo.
  6. Aceptar las frustraciones de cada herman@. Aunque es cierto que se debe trabajar la tolerancia ante la frustración, también es positivo ponerse en el lugar del otro y entender cómo se siente: “Entiendo que te sientas así, es muy duro”. Y a partir de ahí, dialogar y resolver el conflicto.
Y unos cuantos consejos más:
  1. A cada herman@ se le dedica el tiempo que cada uno necesite. No se trata de dedicarles a cada uno la misma atención, sino aquella que cada cual necesite, sin descuidar a ninguno de los dos. Cada uno tiene sus propias necesidades, y cada uno necesita un trato único y especial para ellos. No pasa nada por decirles: “Espera, estoy ayudando a tu hermana. Cuando termine, me cuentas qué te sucede e intentaré ayudarles”. Deben aprender que todos pueden necesitar su atención, esperar su turno y respetar que el otro necesite ayuda.
  2. Es bueno al principio darles pauta y ayudarles. A medida que vayan creciendo, les diremos: “Ya sois mayores. Estoy seguro de que los dos podéis llegar a un acuerdo y resolver esto”. Llegado este momento, podéis proponerle que escriban en una hoja las posibles soluciones que se le ocurran. Luego deberán acudir a sus padres para exponer las soluciones y ayudarle a elegir la solución más válida para todos. No cuestionar las soluciones, tan solo elegir entre todos la que resulte más adecuada.
  3. Si se pelean en exceso y notáis que prácticamente forma parte de un juego entre los dos, mostrad cómo los padres os sentís con todo esto: “Puede que para vosotros sea un juego, pero nosotros lo pasamos fatal”.
  4. Si es necesario, se puede disponer de un “libro de quejas” en casa, y las quejas serán estudiadas. Pueden ser expresadas con dibujos.